Señor de Mapimi

 

La última cena

37. Oh, dulcísimo Jesús

1. ¡Oh, dulcísimo Jesús,
a ti me amparo hasta aquí
para alabar y ensalzar
al Señor de Mapimí.

2. La grande misericordia
del cielo vino hasta aquí,
vino a buscar a las almas
del Señor de Mapimí.
Etc.

In this variant of number 36, stanza 3 is lacking. The remaining strophes are identical in both versions, except that stanza 7 in number 37 reads thus:

Campanitas de Belén,
todas repiquen aquí
para adorar las reliquias
del Señor de Mapimí.

This alabado is sung at the termination of the novena of the Cristo de Mapimí .

38. Con mansedumbre y ternura (or La ultima cena )

1. Con mansedumbre y ternura
y señas de un fino amor,
les previene a sus discípulos
la última cena el Señor.

2. Y con mucha caridad,
que en los mortales no ves,
ya después de haber cenado,
les lava humilde los pies.

3. Luego consagró su cuerpo
y con cariñoso afán,
se les dió muy escondido
entre acidentes de pan.

4. Por este medio dispuso
aquél, el Nuevo Testamento,
sacrificándose así
para desterrar el Viejo.

5. Pues en éste, el sacrificio
era sangre de animales
y en el Nuevo la de Cristo
por redimir los mortales.

6. Y para mayor fineza
de lo que en él ordenó,
les hizo beber su sangre
en el cáliz que les dió.

7. También quiso que durara
el sacramento en su iglesia
y para ello potestad
a los apóstoles deja.

8. Éstos la comunicaron
de modo que ha de durar
en sus hijos sacerdotes
hasta que venga a juzgar.

9. Al mesmo tiempo les manda,
que al hacer el sacrificio,
se acordaran del Señor
por tan grandes beneficios.

10. Concluída fué la cena,
dió gracias al Padre Eterno
y con tal hecho a nosotros,
el más saludable ejemplo.

11. Despidióse de su madre
con gran ternura y dolor,
el de la madre fué
grande pero el del Hijo mayor.

12. Después de esta despedida
con sus discípulos fué
desde la ciudá hasta el huerto
donde había orado otra vez.

13. En la cena antes les dijo
se habían de exprimentar,
que en aquella misma noche,
todos lo habían de dejar.

14. Y aunque Pedro, que esto oyó,
se quiso hacer singular,
despreciando, presumido,
tan infalible verdad.

15. El Salvador le responde:
"No tienes ni que dudar;
antes de que el gallo cante,
tres veces me has de negar.

16. Prosiguieron hasta el huerto
y Jesús, en él orando,
sudó sangre de tal suerte
que el huerto dejó regado.

17. Calma pide, humilde, al Padre
con aflición y tristeza
y al punto le mandó un ángel
y le dió gran fortaleza.

18. Después que hizo oración,
a sus discípulos llega,
incontrándolos dormidos
de aquel sueño los despierta.

19. Díjoles: "Velar y llorar,
miren que ya el tiempo llegó
que por la culpa de Adán
he de pagar la pena yo.

20. Un discípulo le vende
y tan gran traición ordena
que con señales de paz
a los judíos lo entriega.

21. Delante de todos viene
Judas malvado y perverso,
haciendo de capitán
de Getsemaní al huerto.

22. Preguntando, "¿A quién buscáis?"
el Salvador con pacencia,
"A Jesús de Nazareno," responden con insolencia.

23. Al decir Jesús, "Yo soy,"
todos cayeron en tierra,
mas luego se levantaron
porque Dios les dió licencia.

24. En esto llegó el traidor
y prosiguiendo a su seña,
prendieron al Redentor,
como si algún ladrón fuera.

25. Gran maldad fué la de Judas,
gran culpa la suya fué,
pues vendió al Rey del Cielo
por el más vil interés.

26. Con rabia y furia lo llevan,
llamándole malhechor,
al que es suma inocencia
del cielo y tierra Señor.

27. Y presentándolo al juez,
cuyo nombre Caifás era,
por su doctrina pregunta
si era falsa o verdadera.

28. Aquí respondió el Señor
que la doctrina que enseña
en el templo y sinagoga
no era doctrina secreta.

29. Un ministro que esto oyó
de tal manera se enfada
que le llamó descortés
y le dió una bofetada.

30. ¡Oh qué sacrílega lengua
que a nuestro Jesús infama!
¡Oh, qué mano tan maldita
que en su rostro así descarga!

31. Concluído que fué el concilio
que Caifás y otros hicieron,
con las bocas más infames,
su santo rostro escupieron.

32. También vendaron sus ojos
para darle golpes fieros,
y como eran tan hermosos,
los tenía descubiertos.

33. Con cruel inhumanidad
de bofetadas le dieron,
preguntando adivinara
las manos que le ofendieron.

34. Toda la noche pasaron
en estas burlas pesadas
y por injustos recreos
aun le pelaron las barbas.

35. Para mayor sentimiento
sucedió en ella el trabajo
de negar Pedro a Jesús
como estaba pronunciado.

36. Es extraña admración
se notase esta flaqueza
en el que había de ser
fundamento de su iglesia.

37. Venido que fué ya el día,
formando al Señor proceso,
remitió Caifás inicuo
a Pilatos como reo.

38. Alvirtiendo al presidente
en la causa mil errores,
protestando Galilea
remtió a Jesús Herodes.

39. Éste que lo examinó,
lo tuvo por inocente
y lo devuelve a Pilatos
para que obre libremente.

40. Codicioso este mal juez
aunque conoció su yerro
y por no perder su oficio
quiso adular aquel pueblo.

41. Al punto mandó azotar
al Señor de cielo y tierra
y que primero lo ataran
en una columna de piedra.

42. Aunque era albo su color
luego se volvió de jaspe,
con manchas que salpiquió
de la más preciosa sangre.

43. De color mudó la piedra,
y aquella turba atrevida,
pues con cinco mil azotes,
todo el cuerpo es una herida.

44. Ciñronle la corona
a aquellas sienes divinas,
las que al punto penetró
por ser de agudas espinas.

45. También le pusieron cañas
en la real mano derecha,
con la figura de cetro,
porque el escarnio siguiera.

46. Qué dolor no causaría
ver al inocente Abel
cubierto de cardenales
de la cabeza a los pies.

47. Después a un balcón lo sacan,
azotado y mal herido,
para que el pueblo lo viese
a mi Jesús perseguido.

48. "¡Veis aquí!" les dijo este hombre
Pilatos a los judíos,
dando a conocer con esto
que era sobrado el castigo.

49. Y con gran furor responde
aquella turba maldita,
"Con infame muerte muera,
pues Hijo de Dios se llama."

50. ¡Ay, mi bien! ¿Que no hay quien diga
en este falso concilio
que vos sois el Salvador
y del Padre Eterno, Hijo?

51. En este estado Pilatos,
haciendo de presidente,
en su maldito pretorio
condenó a Jesús a muerte.

52. Y aunque este inicuo juez,
antes sus manos lavó,
se hizo más atroz su culpa
pues a un justo condenó.

53. Siendo la sentencia injusta,
pues sabía era inocente,
y por respeto del César,
lo condenó injustamente.

54. Notifícase al Señor
aquella indigna sentencia
que condena a quien todos
hemos de dar residencia.

55. Entregado a los ministros
para que lo ejecutasen,
lo sacan con dos ladrones
porque ladrón lo juzgasen.

56. Y puesta una soga al cuello,
sale entre Dimas y Gestas
y al instante le pusieron
la pesada cruz a cuestas.

57. Un madero lleva al hombro
aunque en él ha de expirar,
tamblén desde él resucita
a los muertos por Adán.

58. Al son de tristes trompetas,
injustos pregones dan,
publicando que es justicia
la más inicua maldad.

59. Dicen que usurpaba al César
el imperio y majestad
para hacerse rey quien era
rey supremo inmortal.

60. Cayó nuestro redentor
con un golpe tan fatal,
penetraron las espinas
lo que faltaban que entrar.

61. El polvo cubrió sus ojos,
aunque eran puro cristal,
hizo suspender la vista
a quien no podía cegar.

62. La boca llena de sangre
puso un duro pedernal
y no se excusó podiendó
su misma muerte causar.

63. Ya fatigado y rendido,
la cruz no puede llevar,
hasta que Simón la coge
en sus hombros por detrás.

64. Siguió después al Calvario,
del cirineo ayudado,
y al punto allí lo desnudan
para ser crucificado.

65. ¡Oh, qué corrido estaría
aquel hombre Dios al verse,
siendo tan honesto y puro,
desnudo entre tanta gente!

66. Así mismo la corona
le quitaron de su frente
y cubrió el divino cuerpo
la sangre que de ella vierte.

67. Segunda vez se la ponen,
a su cabeza la vuelven,
y para mayor tormento,
le coronaron dos veces.

68. Hecha esta deligencia,
sobre el madero lo tienden
para marcar los barrenos
por donde los clavos entren.

69. Subió después a la cruz
y la espalda a ella vuelta,
al instante le clavaron
su sacra mano derecha.

70. Luego la siniestra mano,
porque al barreno no llega,
la estiran con un cordel
para clavarla por fuerza.

71. Sus santos pies le traspasan
y cuando el ministro yerra,
por dar el golpe en el clavo,
en divina carne acierta.

72. La sangre que derramó,
de aquellas preciosas venas,
son ríos del paraíso
que hicieron fértil la tierra.

73. Pusiéronle a cada lado
un ladrón por más afrenta,
dando a entender que el del medio,
capitán de ellos era.

74. Y también sobre la cruz,
un rótulo que decía,
"Este es Rey de los Judíos,"
en lengua hebrea y latina.

75. ¡Ay, mi dulce y buen Jesús,
vuestra cruz mi gloria sea,
ánimo a morir, Dios mío,
para darnos vida eterna!

76. Después de crucificado,
quedó pendiente en cruz,
haciendo todos escarnio
de aquella divina luz.

77. En lugar de darle enfado
desde allí pidió a su Padre,
"Perdona a los pecadoras,
que no saben lo que hacen."

78. De los ladrones el uno,
el que a la siniestra estaba
aunque era cierta su muerte,
contra Jesús blasfemaba.

79. Mas el otro iluminado
de que Dios y hombre era,
le confesó por su rey
al Señor de cielo y tierra.

80. Incontró también al premio
en el Dios que ha conocido,
que haciendo de la cruz trono,
le destinó al paraíso.

81. Y prosiguiendo las burlas
que hacían al Redentor,
por oculta providencia,
se retiró al punto el sol.

82. En prensado que esto fué,
llegó María costante,
y puesta al pie de la cruz,
en ella murió su amante.

83. Y Juan llegando después,
haciendo sus ojos mares,
y Jesús fijos los suyos
en su discípulo y madre.

84. A cuyo tiempo le ponen
en sus labios celestiales
de bebida en una esponja,
zumo de hiel y vinaigre.

85. Y luego en voz alta dijo,
hacia los cielos mirando,
"Padre mío, mi espíritu
pongo en tus divinas manos."

86. Y al mismo tiempo salió
de aquel cuerpo atormentado
la bella alma que encerrada
dejóla entre clavos.

87. Inclinada la cabeza
sobre su cuerpo sagrado,
todo tuvo cumplimiento,
según fué profetizado.

88. ¡Ay, Jesús, mi Redentor,
mis culpas te han dado muerte!
Lávalas con esa sangre
que tu santo cuerpo vierte.

89. Al ver tan triste suceso,
mar y tierra fué turbado,
y vistiendo el cielo luto,
su velo tembló rasgado.

90. Todos los astros negaron
las luces con qué aflición,
los muertos se sepultaron
y los sepulcros se abrían.

91. En fin, fué tan general
por Jesús el sentimiento,
que al quebrantarse la piedra,
vistió luto el firmamento.

92. Y aunque estos eran prodigios
que el Padre de Dios hacía,
les luminó por encanto
los judíos que allí había.

93. En prueba de ser así,
y aunque siguiendo su error,
fueron a romper las piernas,
creyendo vivo al Señor.

94. No se les cumplió su ley
ni su deseo ostinado,
aunque fué equivalente
la furia de un mal soldado.

95. Pues estando Jesús muerto
en la cruz tan maltratado,
le abrió cruel con una lanza
sus antísimo costado.

96. De aquella sagrada fuente
nos nació un río de amor
y nos riega con la sangre
que derramó el Salvador.

97. Después de ella salió el agua
del divino corazón
y pues ha quedado abierto
refulgente el pecador.

98. La primera gracia que hizo
fué a Longino, el traidor,
a quien dió vista en cuerpo
y en el alma, que es mejor.

99. Luego que Jesús murió
en la cruz crucificado
y que agua y sangre salió
por la llaga del costado.

100. Pidiendo todos licencia
al presidente Pilatos
para bajar el cuerpo
y con pompa sepultarlo.

101. Lo que al punto concedieron,
por estar determinado,
a quien subió con ultraje
bajar hasta ser honrado.

102. Pare este descendimiento,
dos hombres nobl?s se hallaron,
José, que era celador,
y Nicodemo, letrado.

103. Juntos subieron los dos
con martillos, qué dolor,
y de la cruz desenclavar
a Jesús, mi Redentor.

104. Los clavos lleva María,
Nicodemo y otros bajan
desde el cuerpo de su Hijo
a crucificarle el alma.

105. Con gran trabajo y dolor,
José la corona saca,
por estar en su cabeza
de mi Salvador clavada.

106. A María se la entriegan
y poniéndola en sus manos,
las hirieron las espinas
y en su sangre las bañaron.

107. Juan, José y Nicodemo
de la cruz el cuerpo bajan
y en los brazos de María
le disponen dulce cama.

108. Nuestros pecados, Jesús,
manifiesta causa han sido
del dolor que hay en tu madre
al ver tu cadáver frío.

109. Y pues que ya no hay remedio
que enmiende lo padecido,
lloremos todos tu muerte,
pues la culpa hemos tenido.

110. Llora la alma, tiembla y gime
que lo insensible te enseña,
rompiendo su corazón
cuando el tuyo se hace piedra.

111. El templo rasgó su velo,
la luna en sangre se aniega,
gimió el aire, bramó el mar,
lloró el sol, tembló la tierra.

112. Hasta los muertos sintieron
que Jesús la vida pierda,
pero tú que la quitaste
ni lo sientes ni lo piensas.

113. Dispóngase ya el entierro
de aquel juez ajusticiado
que por culpas mías quiso
morir en cruz afrentado.

114. A cuyo acto es bien concluido
el clamor de las campanas
y aunque faltan de metal
por Jesús las piedras hablan.

115. Los cinco elementos visten
un color de sentimiento,
imitación de los astros
que vistieron luto entero.

116. Sea la cera pajiza
que esta fúnebre señal
de que cuando el Padre muera
todos debemos llorar.

117. Nicodemo y José
fueron los enterradores,
y al sepulcro acompañaron
de María los dolores.

118. Asistió un sacerdote,
que fué de los convidados,
Juan el que se presentó
de mi Jesús muy amado.

119. Para amortajar el cuerpo,
que desnudo falleció,
todo el lienzo necesario
José piadoso lo dió.

120. También dió la sepultura
que para sí había labrado
en ella, ¡qué gran fortuna!
fué el Salvador sepultado.

121. El sepulcro abrió la boca
y recibió a Dios, llorando;
aunque era de piedra seca,
por Jesús todos lloraron.

122. Cristiano, ven al entierro
de Jesús mi enamorado,
que por lo mucho que te ama,
está muerto y maltratado.

123. Mira que está ya sin vida
el que a todos nos la ha dado
y que la perdió inocente
por redimir tu pecado.

124. Mira que por ti le han muerto
y que por ti le han clavado
y que eso no obstante dice,
"Aunque me has vendido, te amo."

125. Mira sus pies traspasados,
mira su pecho llagado,
mira herida su cabeza,
y el santo cuerpo azotado.

126. Mira todas sus heridas
y la sangre que ha brotado,
y a llorar, que vuestras culpas
así lo han crucificado.

127. No por eso desconfiemos,
lloremos nuestros pecados,
y que ellos le han dado muerte,
muere para perdonamos.

128. Ya resucitó Jesús
y al tercer día ha sacado,
desde el ceno de Abrahan,
los justos depositados.

129. Consigo al cielo suben,
pues se mantuvo cerrado
hasta que sirvió de llave
la sangre que ha derramado.

130. Con la cual el nuevo Adán
recuperó aquella tierra,
que él, primero, nos perdió
por aquella serpiente fiera.

131. Y reconozcamos pues
de nuestro Jesús esclavos
y que cesen nuestros lloros
en producir nuevos clavos.

132. Acábense con su muerte
nuestras culpas, sus agravios,
y no le ofendamos más,
que seremos muy ingratos.

133. Intercesora, María,
deshaga nuestros errores,
y que vuestro Hijo os dejó
por madre de pecadores.